Cuando la conservación desborda sus propios límites

DIFUSIÓN CIENTÍFICA 

Durante décadas, la protección de la fauna silvestre fue uno de los principales objetivos de las áreas naturales protegidas de la Patagonia y de grandes extensiones de tierras compradas por fundaciones extranjeras.
En ese proceso, el guanaco (Lama guanicoe), una de las especies emblemáticas de los ecosistemas australes, logró recuperar poblaciones que habían sufrido fuertes presiones por caza, inviernos crudos, cambios de uso del suelo y diversos factores.
Sin embargo, ese éxito abrió un nuevo capítulo: ¿qué ocurre cuando una especie protegida aumenta su abundancia y comienza a expandirse más allá de los límites del área protegida?


Según un estudio publicado en 2018 por Iranzo y colaboradores sobre la dispersión difusiva del guanaco (Lama guanicoe) en Patagonia, el crecimiento de poblaciones de ungulados silvestres dentro de áreas protegidas puede provocar una expansión hacia territorios vecinos no protegidos, generando nuevos escenarios de interacción con actividades humanas. 

Los investigadores analizaron la distribución, abundancia, estructura social y éxito reproductivo de los guanacos alrededor del Parque Nacional Torres del Paine y observaron que la población presenta características compatibles con un proceso de colonización consolidada y expansión progresiva.
Este fenómeno indica que, cuando una población recuperada supera los límites espaciales de un área protegida, el desafío deja de ser únicamente la conservación de la especie y pasa a ser el manejo integral del territorio compartido con la producción ganadera.

Dispersión difusiva 
La respuesta aparece en un fenómeno estudiado por la ecología de poblaciones: la dispersión difusiva. Este concepto describe el proceso por el cual una población que crece y se consolida ocupa gradualmente nuevos territorios. En lugar de concentrarse únicamente en un núcleo original, los individuos avanzan hacia zonas cercanas donde encuentran condiciones adecuadas para sobrevivir y reproducirse.

El caso del guanaco en la Patagonia representa una expresión concreta de este proceso. Estudios realizados en áreas protegidas y campos vecinos muestran que, luego de períodos de protección, algunas poblaciones aumentaron su número y ampliaron su distribución. En Torres del Paine, por ejemplo, la población pasó de menos de cien individuos a alrededor de 4200 en 35 años, expandiéndose hacia áreas circundantes. La investigación científica encontró patrones compatibles con una población establecida y en proceso de expansión.

El problema aparece cuando esa expansión ocurre sobre territorios donde existe otra actividad económica: la ganadería ovina. En los campos patagónicos, productores y técnicos señalan que una mayor presencia de guanacos puede incrementar la competencia por recursos como agua y forraje, especialmente en ambientes áridos donde la disponibilidad vegetal es limitada.

Algo hay que hacer…
El conflicto no debe entenderse simplemente como una disputa entre una especie silvestre y la producción. El guanaco es parte del ecosistema patagónico y cumple funciones ecológicas relevantes. Pero también es necesario considerar que los sistemas productivos dependen de un equilibrio entre disponibilidad de recursos y cantidad de herbívoros presentes.

La discusión actual plantea un cambio de paradigma para pasar de una política basada exclusivamente en la protección, hacia una gestión activa de poblaciones silvestres. Si una especie recuperada supera la capacidad de ciertos ambientes para sostenerla, aparecen nuevas herramientas posibles, entre ellas el monitoreo permanente, el manejo poblacional y el aprovechamiento regulado bajo criterios científicos.

La premisa ha sido solamente cómo conservar al guanaco, sin profundizar  en la convivencia equilibrada entre biodiversidad y producción. Una conservación exitosa puede generar otros interrogantes cuando el área protegida queda pequeña para una población creciente, el territorio completo se convierte en el escenario donde debe resolverse el futuro de la especie y de las actividades humanas que comparten la Patagonia. ¿La ideología contaminó este debate? ¿Promover la derrota de la cultura agroganadera en función del conservacionismo, es antropofóbica?.

FUENTE: Escritorio del Sur (escritoriodelsur@gmail.com)